|
Periódico "El Día", Miércoles 31 de Enero de 1979.- Testimonios y Documentos La vía democrática al socialismo CÓMO Y POR QUÉ SURGIO EL ESTALINISMO por Jean Ellenstein
*Alocución pronunciada el 14 de enero en París por el historiador comunista Jean Ellenstein, director adjunto del Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas, en el marco de un seminario sobre estalinismo organizado por el Instituto Socialista de Estudios e Investigaciones. Traducido del francés por León Bataille. Título de la redacción de "El Día".
Agradezco al Instituto Socialista de Estudios e Investigaciones el haberme invitado a participar en este seminario sobre el estalinismo. Ha respondido favorablemente a esta invitación por considerar que la unión es un debate y que, por lo tanto, es preciso discutir sobre los principales problemas de interés común y, en particular, sobre la cuestión que figura en la orden del día. Debo decir para empezar, y sin ninguna intención polémica, que en mi opinión el día que el ISER** organice un seminario sobre el reformismo y la Socialdemocracia y el día en que el Instituto Maurice Thorez instituya un debate sobre el estalinismo, la situación habrá mejora mucho en el seno del movimiento obrero francés y en su lucha por las transformaciones importantes a las que aspira. Y nada nos prohíbe soñar en el día en que se entable entre ambos partidos una discusión común entre ambas cuestiones (Aplausos). Pero, siendo el tema de este seminario el del estalinismo, quiero abordar en primer término la cuestión entre la relación entre Lenin y Stalin en lo que se refiere a la democracia política en la Rusia soviética después de la guerra civil.
El pecado original ***
Me parece que el punto de partida de nuestra reflexión podría ser el siguiente: La Rusia soviética, en 1921, es una dictadura ejercida no por el Partido Bolchevique, sino por el grupo dirigente de éste. Tenemos una clara ilustración de lo que precede en el hecho históricamente indiscutible de que, conforme a una decisión de la XII conferencia del PC, reunida en 1921, en tiempos de Lenin, era preciso haber sido miembro del partido desde antes de la revolución de marzo de 1917 que derrocó al zarismo para poder ser miembro del Comité central. En otras palabras, sólo había 8 mil 500 bolcheviques que podían ser miembros de la Dirección y aspirar a desempeñar un papel dirigente en la vida soviética.
En aquel momento el PC ejercía un monopolio total sobre la vida política, social y cultural del país. La CHEKA, que se transformó en GPU el año siguiente, tiene todos los derechos, controla la prensa, la literatura, el teatro, los lugares públicos, etcétera, y, en virtud del artículo 18 del Código Penal de la República Federativa de Rusia, tiene el poder de deportar por tres años a cualquier persona, sin necesidad siquiera de escuchar a ésta. Es evidente que todos los elementos de la dictadura existen a partir de 1921, por mucho que ello no correspondiera a la voluntad y a las preferencias de los bolcheviques, quienes con toda probabilidad se hubieran rebelado si se les hubiera dicho entonces que su revolución y la guerra civil fueran a desembocar en semejante situación. Es el resultado de la crítica histórica de la Revolución de Octubre que constituye la vía dictatorial hacia el socialismo. Ilustra lo anterior la disolución en diciembre de 1917 de la Constitución por el Partido Bolchevique, que sólo contaba en ella con 25 de los votos.
Esto me parece ser el pecado original de la Revolución de Octubre y del nacimiento del Estado Soviético. Así se estableció, en ruptura con la práctica histórica de los bolqueviques, la base de la dictadura estaliniana, que no empezó en 1937 como se ha dicho aquí, sino desde 1925-1926, es decir, desde el momento en que el aparato del Comité Central tiene un secretario general todopoderoso, que desplaza y revoca a quien quiere. Cabe recordar al respecto, por ejemplo, que no solamente Trotsky queda excluído del partido en 1927, sin una verdadera discusión de fondo, sino, más grave aún, que en junio del mismo año Stalin manda ejecutar sin proceso a 21 opositores, tomados más o menos al azar, con motivo del asesinato del diplomático soviético Volkov en Varsovia; y sin encontrar oposición alguna dentro del Partido, el propio Trotsky aprueba la ejecución de los "21 contrarevolucionarios".
El leninismo estaliniano
Considero pues, que es la falta total de democracia política en la Rusia soviética la que presidió el nacimiento, el desarrollo y el triunfo del fenómeno estalinista, que se caracteriza principalmente por un estado todopoderoso que no encuentra resistencia institucional y popular alguna ni en la sociedad civil ni en el sistema político.Esto favorece su desarrollo total y le permite monopolizar todas las actividades, apoyándose en una policía omnipresente, con el poder de detener a quien quiera y cuando quiera, desde una época precoz en la historia soviética, aunque sus manifestaciones más dramáticas y sangrientas se hayan producido ulteriormente. Pienso que no obstante la sinceridad de sus críticas de Stalin en el marco del sistema, es muy probable que el trotskismo en el poder no hubiera sido más que un estalinismo de cara menos inhumana, pues el mal estaba en el propio sistema y, si sus consecuencias no eran fatales, sí eran muy probables, en virtud de la naturaleza misma del régimen.
En mi opinión, no se puede hablar de leninismo, pues éste no fue otra cosa, en definitiva, que zinovievismo, en un principio, y estalinismo a partir de la formulación por Stalin, en 1924, de los principios del leninismo, que recogió de la serie de conferencias que dijo en la Universidad de Sverdlov y que fueron la base de la formulación ideológica y de la bolchevización de los partidos comunistas a partir de ese año.
Dicho lo anterior, importa señalar que en la teoría política de Lenin hubo, entre otros muchos aspectos que sigo considerando esenciales, uno que representa en mi opinión una desviación grave respecto del pensamiento marxista: el que concierne a la democracia política. En sus Notas sobre la Revolución Rusa, en 1918, Rosa Luxemburgo critica esta posición de Lenin.
Esta desviación no aparece solamente en 1918, en La revolución proletaria y el renegado Kautzky, sino desde 1906. Es evidente que en ese momento, y más tarde en El Estado y la Revolución , en 1917 Lenin imagina que el estado proletario será una dictadura popular, sin policía, sin ejército, sin burocracia. Creo que Lenin era perfectamente sincero, pero completamente utópico, en tanto su error consistía en no tomar en cuenta, precisamente, las condiciones concretas en que el poder debía ser conquistado y ejercido.
Marx favorecía la democracia
Se da uno cuenta, al examinar de más cerca la teoría de la dictadura del proletariado en la obra de Marx, que éste se refirió a este problema en textos muy pocos numerosos y en la mayoría de los casos en notas no destinadas a la publicación. Estoy convencido de que Marx, que en un discurso se refirió a la dictadura del proletariado en sólo una ocasión, la concebía, y esto es muy importante, como principio teórico referente a la naturaleza y al contenido de clase del estado socialista a que aspiraba. Partía en realidad del hecho concreto de la democracia política y de las libertades públicas que presuponía como algo realizado a partir del momento que se pasaba del capitalismo al socialismo. Y me parece que en sus notas sobre el libro de Bakunin El Estado y la anarquía, en 1873, se siente claramente que Marx nunca pensó en la limitación de las libertades públicas a las cuales atribuía máxima importancia. Es significativo que, en su La Comuna de Paris y la Guera Civil en Francia, Marx no se refería en lo más mínimo a la dictadura del proletariado y, además, que al hablar de la comuna de París como del gobierno de la clase obrera, subraye particularmente los aspectos democráticos de la comuna, es decir las libertades fundamentales y el sufragio universal.
Es importante comprender que el deslizamiento teórico de Lenin mencionado arriba facilitó -digo facilitó, y no creó- el paso práctico y teórico al ejercicio estaliniano del Estado soviético. Desde este punto de vista, no encuentro discontinuidad entre Lenin y Stalin.
Apartir de lo anterior, es claro que esta teoría y esta práctica no tienen nada que ver con el marxismo, como tampoco la inquisición con el cristianismo ni la matanza de indios, protestantes o judíos con los Evangelios. Es simplemente una especie de cobija ideológica, de oropel, en que se envuelven el poder y sus instituciones para gobernar, en función de sus necesidades. Esto es particularmente claro en lo que se refiere a la Unión Soviética en 1922-1923, en función de los problemas que se planteaban ahí y por razones propias de la situación de ese país.
La responsabilidad socialdemócrata
Lo anterior no puede justificar ni mucho menos la actitud de la Socialdemocracia ni, en particular, la de los partidos socialistas en 1918-1920. No se puede evitar ese debate no en los partidos socialistas ni en los partidos comunistas, pues el problema parece situarse hoy en otro terreno histórico. No podemos avanzar por ese terreno si no hablamos de la historia real de la que somos, de maneras diferentes, los herederos. Insisto en pensar que, en el debate entre Kautzky y Lenin sobre los problemas de la revolución en 1918-19, era Lenin el que tenía razón sobre un punto fundamental: el de que en ese momento, por razones inherentes a la historia de la Primera Guerra Mundial y a sus condiciones específicas, la revolución no podía haber sido sino violenta y brutal, y no existía en aquel momento otro proceso revolucionario posible. En la medida en que los partidos socialistas se rehusaron a asumir esos procesos y que a veces incluso participaron en su represión, ellos abrieron la vía y reforzaron el proceso contrario.
En este sentido puede decirse hasta cierto punto que la socialdemocracia ha alimentado al estalinismo y que éste, a su vez, ha nutrido la Socialdemocracia. Se ha llegado así a un doble atolladero, incluso si uno es más grave que el otro -pero no nos colocamos aquí en un plano moral, sino histórico, para juzgar hechos históricos: en los 60 años que nos separan de esos acontecimientos, la Socialdemocracia y los partidos socialistas no han abierto en ninguna parte la vía al socialismo, de la misma manera que los partidos comunistas, donde han sido el Partido-Estado, no han abierto en ningún país el camino a un verdadero socialismo, sino a elementos de socialismo que históricamente desembocaron en caricaturas de socialismo, porque, precisamente, no implicaban y rechazaban la democracia política.
Debemos reforzarnos en sacar de ese doble atolladero, me parece, un análisis nuevo de la situación histórica nueva en que nos encontramos, para llegar a algo nuevo. Desde este punto de vista, el debate no debe situarse solamente en el seno de los partidos comunistas, aunque sí es primordial que lo aborden, sobre todo en esos países donde desmpeñan un papel considerable en el movimiento brero, como en Francia, en Italia, en España, y quizá también en Portugal y algunos otros países, sino también en el seno de los partidos socialistas y socialdemócratas.
La nueva vía hacia el socialismo
De lo que se trata es de determinar si es posible ir al socialismo y definir los medios de alcanzar este objetivo. Para ello, es preciso hacer la crítica, tanto de unos como de los otros, sin pretender darles necesariamente un trato idéntico, pues no se plantean las cosas a ese nivel. Pero sí debemos partir de lo que la historia ha constituído de manera orgánica en las profunidades de nuestro pasado nacional, por ejemplo aquí en Francia. No podemos abordar el problema de la nueva vía hacia el socialismo sin abordar estas cuestiones de frente, porque no hay otra perspectiva que la unión entre socialistas y comunistas para llegar al socialismo en un país del tipo de Francia. No pretendo de manera alguna que deban ser excluídos de esta unión otras fuerzas no políticas de modo directo -fuerzas sindicales y asociativas que responden a problemas nuevos que se plantean en nuestro mundo, como la ecología, la situación de la mujer, las relaciones con el Estados, etcétera-. En otras palabras, este movimiento popular debe ir mucho más allá de la alianza de los dos partidos, pero su cimiento es necesariamente la alianza entr éstos. Fuera de esta alianza, sólo se prefilan para uno como para el otro, fracasos estratégicos. Podrán producirse, según los momentos, éxitos electorales; pero, no nos equivoquemos, éstos éxitos no serán permanentes sino precarios y constantemente puestos en entredicho. La única solución es un acuerdo profundo no sólo de carácter programático, sino estratégico, sobre el tipo de sociedad que queremos construir, sobre las etapas por franquearse para realizar ese tipo de sociedad y sobre los métodos que deben utilizarse para ello. Sin ello no hay para el PCF más perspectiva que regresar o mantenerse en el Bunker de la Plaza del Coronel Fabien y para el PS no hay más que la colaboración de clase y la alianza con ciertas fuerzas de la burguesía, lo cual a su vez sólo puede provocar un retroceso y el abandono de los objetivos que proclama querer alcanzar.
El camino es estrecho para los unos como para los otros. Es tanto, más estrecho que no tenemos hoy ningún modelo. Hoy, para las nuevas generaciones en particular, contrariamente a lo que sucedió en años anteriores, no hay faro que ilumine al mundo: ni la Unión Soviética, ni China, ni Cuba, ni Guevara, ni Mao Tse-Tung, ni Lenín, ni Stalin, ni incluso Gramsci, ni Rosa Luxemburgo son referencias suficientes. Utiles, ciertamente, por lo que se refiere a algunos de ellos, pero no suficientes. Tampoco las experiencias socialistas y socialdemócratas en los países del centro de Europa y de Europa septentrional contituyen faros particulamente útiles para nosotros, no obstante el valor de cuertas reformas sociales realizadas, por cierto, a partir de las luchas de los trabajadores.
Las promesas del eurocomunismo
Así, pues, nos encontramos en una situación histórica radicalmente nueva. Y desde este punto de vista, el eurocomunismo, sin ser todavía una realidad concreta, expresa cierta esperanza, cierta manera nueva de abordar los problemas, porque liga inseparablemente la lucha por el socialismo y la democracia. Existe a través del eurocomunismo la posibilidad de encontrar convergencias nuevas entre los partidos comunistas y los partidos socialistas de Europa Occidental, por encima de reticencias y contradicciones. Lleva en sí la esperanza de algo nuevo en la medida en que abre el camino a convergencias nuevas y a la adopción de una nueva vía hacia el socialismo totalmente diferente de las tomadas hasta ahora y que no será la vía socialdemócrata ni la vía estaliniana (aunque el vocablo no abarca la totalidad de la realidad a la que me refiero). Es a este precio, y sólo a este precio como se podrá dar una nueva esperanza a la juventud y crear las condiciones para la reconstrucción de la unión de la izquierda, que le permita obtener no solamente la victoria electoral, sino la apertura hacia la transformación gradual, democrática y pa´cifica de la economía de la sociedad francesa. (Aplausos).
** Sigla francesa del mismo Instituto. *** Subtítulos de L. B.
|