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Periódico "El Día", Lunes 4 de Octubre de 1976.- Una victoria del Ecuador Oscar E. Palma Como una corriente de aire puro en medio del cúmulo de hechos tormentosos que ocurren en América del Sur (recrudecimiento del terror antipopular, avance de los círculos fascistas y ampliación de las posiciones imperiales), acaba de producirse en Ecuador un acto de afirmación nacional frente a un poderoso monopolio extranjero. Después de una intensa lucha, el gobierno ecuatoriano obligó a la Gulf Oil a pagarle una cuantiosa deuda y a iniciar negociaciones para su salida del país. El adeudo ascendía a 53 millones de dólares que la compañía dejó de entregar a Ecuador, por derechos de exportación del crudo, de acuerdo con una ley nacional. La Gulf se negaba a pagar la deuda, para lo cual adujo distintos pretextos. También ejerció múltiples presiones sobre el gobierno ecuatoriano, e incluso llegó a propiciar una campaña desestabilizadora, con vistas al golpe de Estado. Pero no solo tuvo que entregar el dinero, sino que, debido a su morosidad y a otros hechos antinacionales, ahora está con un pie en la calle. Este acontecimiento es de gran significado y debe verse en función de lo que es y representa esta empresa norteamericana y de lo que ha hecho en Ecuador. La Gulf es una de las cuatro compañías petroleras más poderosas del mundo. Actúa fundamentalmente en el Medio Oriente, Asia y América Latina, donde tiene yacimientos, refinerías, flotas navieras y concesiones exclusivas para la venta del producto en el mercado internacional. Sus utilidades suman miles de millones de dólares anuales. Llegó a Ecuador a fines de los años 50. Como ya entonces el territorio ecuatoriano estaba repartido entre la Stándar Oil (de Rockefeller) y la Shell (británica), se asoció a Texaco (también estadounidense)para imponer su reinado. En aras de ello, recurrió al clásico expediente de los monopolios; arreglos con los grupos oligárquicos locales, maquinaciones de todo tipo y golpes palaciegos. En julio de 1963, una asonada castrense derrocó al gobierno de Carlos Julio Arosemena, que intentó limitar la enajenación del petróleo. Fue bien visible la mano de la Gulf-Texaco en este cuartelazo. La junta militar que asumió el poder entregó al consorcio el curso superior del Amazonas, cientos de miles de hectáreas en el oriente (incluida la rica zona de Lago Agrio) y el derecho de construir el oleoducto transecuatoriano. Para acrecentar sus privilegios, la compañía también montó groseras trampas leguleyescas. Por ejemplo, en septiembre de 1971 sucedió esto: del texto de la ley de Hidrocarburos -promulgada por el gobierno de Velazco Ibarra bajo la presión nacional- desapareció "misteriosamente" la página con el artículo 86, que obligaba a las corporaciones extranjeras a depositar en el Banco Central del Ecuador parte de las divisas de la exportación del crudo. Las uñas de la Gulf y de otras empresas de su tipo, estuvieron presentes en este vulgar despojo, que demostró, además, el grado de penetración que habían alcanzado entonces las compañías norteamericanas en el gobierno ecuatoriano, hasta llegar a sus más íntimos rincones. Poco después dicho artículo fue sustituido por otro que daba alegremente a los monopolios foráneos todas las ventajas en el terreno financiero. El descontento que eso produjo fue uno de los móviles del golpe de los militares nacionalistas contra Velasco Ibarra, en febrero de 1972. La Gulf se opuso siempre al gobierno del general Rodríguez Lara. Entre otros "éxitos", logró que fuera separado de su cargo el ministro de Recursos Naturales, contralmirante Gustavo Jarrín Ampudia, quien recuperó para Ecuador gran parte de sus riquezas petroleras e impuso la participación del Estado ecuatoriano en el consorcio Texaco-Gulf. Ello también alentó la campaña que provocó la caída de Rodríguez Lara, el 11 de enero de 1976. Pero el proceso nacionalista no fue detenido, pese a las presiones de las empresas foráneas sobre los nuevos gobernantes. Por el contrario, la lucha subió de punto en lo referente al petróleo. Uno de sus resultados es la acción contra la Gulf. Claro que ésta es una medida limitada. Lo mejor hubiera sido la nacionalización directa. Sin embargo, es un buen principio. Aquí, como en otros casos similares, la política maximalista de "todo o nada" hubiera sido ingenua y contraproducente. Ecuador deberá cuidarse ahora de las posibles maniobras de la Gulf en la etapa de negociaciones para el traspaso al Estado ecuatoriano de sus acciones en el citado consorcio. Seguramente, la compañía tratará de resarcirse o sacar la mejor tajada económica. Deberá cuidarse, en fin, de no ser absorbido por otros tentáculos del capital internacional, deseosos de llenar el vacío. Eso sería como salir de las llamas para caer en las brasas. La lucha de la nación ecuatoriana contra la Gulf y por el rescate total del petróleo interesa vivamente al resto de América Latina y el "Tercer Mundo". Esta hermosa batalla muestra, entre otros hechos significativos, que los monopolios transnacionales -causantes de muchos de nuestros males- no son todopoderosos; que es posible reducirlos y derrotarlos si se les enfrenta resueltamente, con realismo y en defensa de los legítimos intereses nacionales. |