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Periódico "El Día", Lunes 30 de Agosto de 1976.-

La batalla del petróleo en el Ecuador

Oscar E. Palma

Las bombas que estremecieron la ciudad de Quito, a mediados de la semana pasada, tenían un profundo olor a petróleo. Una de ellas estalló en el edificio de la Corporación Estatal Petrolera (CEPE) y las otras dos, en lugares cercanos. Las tres explotaron en medio de una intensa campaña de las empresas extranjeras y los grupos oligárquicos criollos para cortar el paso del Ecuador hacia la plena recuperación de sus vastos recursos petrolíferos.

Esta riqueza, es, en efecto, muy grande. Ya antes de la conquista los indios ecuatorianos extraían petróleo. Abrían pozos en forma primitiva, y de allí sacaban chapopote o "resina olorosa" para cocer vajillas de barro, hacer antorchas o embrear las piraguas en que viajaban a las islas Galápagos. Los indios llegaron también a fabricar "mazut" del petróleo. Estas experiencias las aplicaron después, en mayor escala aunque de un modo también espontáneo, los colonizadores españoles.

Sin embargo, hace poco que el petróleo ecuatoriano comenzó a ser explotado industrialmente. Lo hicieron las compañías foráneas, que aparecieron por primera vez en el país a principios de la década de los 30. Llegaban, obtenían cuantiosas concesiones y luego se iban, anunciando falsamente que habían fracasado en sus pesquisas. Esperaban el momento oportuno para actuar. La Texaco, Gulf y Shell se crearon así una reserva equivalente a 90 mil kilómetros cuadrados, de los 270 mil que tiene el Ecuador.

La explotación masiva se inició a mediados de la década del 60, cuando ya era previsible la llamada crisis de energéticos. Hacia fines del decenio fueron descubiertos inmensos yacimientos en la costa, la sierra y el oriente.

El diario norteamericano Los Angeles Times calificó el hallazgo de "fabuloso" llamando al Ecuador "el Kuwait del hemisferio occidental". Para el New York Times se trata del encuentro del "largamente buscado Eldorado de los conquistadores españoles".

Los consorcios extranjeros se lanzaron codiciosamente sobre el oildorado , apoyados -al igual que antes- en los círculos oligárquicos y en gobiernos espurios, como el de Velazco Ibarra. Pero el 15 de febrero de 1972, los sectores nacionalistas del ejército derrocaron a dicho gobierno e iniciaron el proceso de recuperación del petróleo, en medio de una gran expectación nacional.

El régimen militar restituyó al país 4 millones 96 mil hectáreas ricas en petróleo, detentadas por las trasnacionales; renegoció con éstas la posesión de otros 2 millones de hectáreas; anuló las concesiones a empresas foráneas para la explotación del gas natural del golfo de Guayaquil; adquirió un considerable control sobre el oleoducto transecuatoriano; inició la construcción de una flota petrolera nacional; creó CEPE e ingresó en la OPEP.

Las compañías extranjeras, sin embargo, no se dieron por vencidas. Mediante múltiples maniobras, lograron detener el impulso nacionalista del gobierno de Rodríguez Lara. Y al ser depuesto éste, en 1975, pasaron a la ofensiva, aprovechando la difícil situación económica del país -situación que ellas habían agravado- y las vacilaciones de ciertos grupos castrenses. Pero, en general, no han logrado que se produzca la reversión.

Ahora, los medios progresistas del gobierno tratan de reafirmar el rumbo nacionalista. Entre otras medidas, rechazaron las gestiones de empresas estadounidenses para construir y controlar la terminal marítima petrolera en Esmeraldas. Paralelamente, resurge la demanda a favor de la nacionalización del petróleo, que parte especialmente de los dirigentes de la CEPE, con el apoyo activo de las masas populares.

La respuesta antipatriótica no se ha hecho esperar. A fines de julio y principios de agosto fue roto el oleoducto de la sierra y ardió una refinería, lo cual afectó el abastecimiento de la gasolina al país. Y hace una semana, el embajador norteamericano en Quito, Richard Bloomfield, presentó una reclamación por "el trato discriminatorio" a las empresas estadounidenses en el mencionado asunto de la terminal petrolera.

En una forma prepotente -que recuerda las reclamaciones del cártel petrolero de Irán, en la época de Mossadegh, o de la United Fruti Company en Guatemala, durante el gobierno de Arbenz - , Bloomfield dijo en una carta que "la embajada (estadounidense) está interesada en promover y proteger los intereses comerciales norteamericanos en Ecuador". Es decir, una advertencia, una amenaza...

Después de la carta se intensificó la campaña -interna y externa- contra la CEPE, acusándola de "incompetente e innecesaria", y se redoblaron las acciones desestabilizadoras. Por desgracia, en algunos países latinoamericanos esta campaña se ha entrelazado, objetivamente, con las protestas por la reciente expulsión de Ecuador de varios sacerdotes, lo que ha obstaculizado la comprensión de este decisivo aspecto de la problemática ecuatoriana.

Pero los bombazos de la semana pasada en Quito no dejan lugar a dudas. Parecen ser el comienzo de una nueva fase, por parte de la reacción, en la batalla del petróleo. ¿Quién ganará la partida? La compleja situación del Ecuador no permite una previsión firme. Sin embargo, está claro que la única alternativa que le quedará, en definitiva, al pueblo ecuatoriano, es la nacionalización de esa riqueza.

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