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Periódico Excelsior, 12 de Noviembre de 1974.-

 

625 pesos, "pasaje" para un trabajador ilegal desde Tijuana hasta Los Angeles si éste acepta los riesgos

 

* Bajo estrecho escondite en espera de nuevas revisiones

* California, lleno de mexicanos, Centro y Sudamericanos

* ¿Dónde va a trabajar?: Pues en el lugar que se pueda

 

Por Federico Ortíz Jr.

 enviado especial de Excelsior

 

 

LOS ANGELES, 11 de noviembre.- Oculto en el piso del automóvil de un "pollero" cubiertos con una manta negra, este enviado de Excelsior, cruzó la garita de Tijuana y se internó en Estados Unidos, como lo hacen a los campos agrícolas, miles de mexicanos, para ganar 1.20 y 1.40 dólares (15 y 17.50 pesos la hora cuando el salario mínimo es de 1.60 dólares (20 pesos) y en la industria llega hasta 2.25 dólares (25.62 pesos) la hora.

   El periodista, aparentemente sin documentos, pagó 50 dólares (625 pesos) a un "raitero" por el viaje, incluído el paso subrepticio, con la condición de que aceptara a otros dos pasajeros con documentos legales. El contrabandista exigía 100 dólares (1.250 pesos) por cada persona sin papeles, pero en un breve alegato aceptó la mitad.

   Otras condiciones fueron la hora y los riesgos. Si había problema sería devuelto a la frontera por la patrulla que tiene un puesto de revisión en San Clemente. Se aceptaron las condiciones y se realizó el viaje.

   En una oscura calle de Tijuana, se acomodaron los pasajeros, en un automóvil grande de modelo reciente. Eran las 20 horas, y el vehículo enfiló por uno de los ocho carriles de entrada a la garita.

   El chofer "pollero" mostró al oficial de migración de Estados Unidos su tarjeta de residente norteamericano y los otros pasajeros sus permisos fronterizos. Le dijo al oficial que todos viajaban a Los Angeles y éste preguntó qué llevaban en los velices y la respuesta fue "sólo ropa".

   Por la autopista número cinco, el vehículo enfiló veloz, pese a que hay señales que indican que la velocidad máxima es de 55 millas (88 kilómetros). El "trago más amargo", había pasado.

   Los otros pasajeros también mexicanos que sólo habían pagado 10 dólares (125 pesos) por el viaje a Los Angeles, parecían nerviosos y no cesaban de fumar y de hablar del asunto que traía al periodista, encogido a sus pies.

   Lo único que me molestaba era el humo de los cigarrillos y el olor de los pies de los pasajeros "extras" quienes explicaban que ellos eran legales y trabajaban en la industria de la construcción. Son miembros de una unión que recientemente logró un aumento de salarios. Actualmente el mínimo en esta zona y en esta rama es de 2.25 dólares (25.62 pesos) la hora.

 

Revisión en San Clemente

 

   Pregunté al chofer, un joven mexicano, que habla muy bien el inglés y es de Chihuahua, si podía salir del escondite y acomodarme en los asientos. No, dijo. Aún hay problemas. Hay revisión en San Clamente y si paramos aquí, vendrán inmediatamente "los gabachos". El joven contrabandista vigilaba constantemente el espejo retrovisor oero no se veía intranquilo

   -¿Cuánto tiempo hace que no va a la capital? Preguntó el periodista encongido entre sus piernas y el pasajero de la derecha, metida la cabeza bajo el tablero del vehículo.

   -Estuve el año pasado. Tengo mis hermanos allá, pero ¿sabe? aquí se gana dinero. Yo he trabajado en la construcción y gano hasta 150 dólares (1880 pesos) a la semana, tengo el "Social Security", pero cuando no hay trabajo hago estos viajes y gano unos 200 dólares diarios (2.550 pesos). Ahora, como estoy desempleado, el seguro norteamericano me pasa noventa dólares (1.125 pesos) a la semana y además, tenemos estampillas para la comida. En los "markets", con ellas podemos comprar solo alimentos.

   -¿Cuántos meses pueden estar sin trabajar recibiendo dinero del seguro? -preguntó el reportero que quería cambiar de posición dentro del auto pero no se podía.

   - No hay límite. Mira-dijo el chofer-, aquí hay trabajo. En diversas organizaciones se enlistan los empleados, pero si a mi no me conviene, pues no lo tomo ¿sabes? Así es la cosa.

   -Bueno, pero una persona no puede estar de por vida desempleada recibiendo dinero del gobierno- requirió el periodista.

   -Ese dinero es nuestro- replicó el chofer- . Nosotros, los trabajadores, lo acumulamos en el seguro. Yo conozco personas que tienen más de 12 meses así y mientras se dedican a otra cosa.

   -¿Viene mucha gente a trabajar a California?

   -¡Uf! Está lleno y no solo de mexicanos. Sabes, hay también centroamericanos y sudamericanos. Pero lo que más hay son salvadoreños, guatemaltecos, argentinos, colombianos y desde luego paisanos.

   -Cuando les paguen bien en México, la gente ya no vendrá aquí -repuse.

   - Mira -dijo cuando cruzabamos veloces San Diego- esto lo ha hecho le gente bien pagada y protegida.

   -Pero no puedo ver- protesté.

   -Shhh. Tendrá que esperar...

   Uno de los pasajeros legales preguntó por qué pagan tan poco a los braceros que vienen del otro lado. El chofer explicó:

   Los gabachos ya no quieren trabajar en el campo. Hay otras actividades mejores para ellos, donde gana más, porque para vivir bien en este país se necesita mucha "feria" y por eso, reciben a los ilegales a los que pagan menos, por los que no pagan impuesto ni cotizan en el Seguro Social.

 

Aparece una patrulla

 

   -Creo que allá viene una patrulla. La conozco por dos pequeños focos amarillos que traen adelante. Son de "Border Patrol"- dijo el chofer y aminoró la velocidad hasta respetar la señalada en las acotaciones.

   No despegó la vista del espejo retrovisor y estuvo pendiente hasta que el vehículo que veía en el espejo salió por un camino lateral.

   -¿Qué lugar es este tan iluminado? -preguntó otro pasajero.

   -Es Oceanside. Allá está el mar- dijo el chofer-. Verás que hasta por ahí se meten los paisanos. La marina tiene que patrullar constantemente toda esa zona de playas porque por ahí entran cantidad.

   "Allá adelante, en San Clemente, a la orilla del 'freeway' está la residencia de Nixon,se la voy a anseñar- agregó en tanto aceleraba más el vehículo y más incómodo me sentía.

   A los pocos minutos, el conductor que más parecía un ejecutivo de una firma norteamericana que un "pollero" avisó:

   -Estamos llegando a San Clemente. Está la fila de carros. Los "migra" sólo dejan dos carriles, pero ahora la mayoría debe estar tomando café.

  Y así era. El paso fue ligero. Sólo un oficial, con una lámpara en la m,ano estaba parado en el centro de los dos carriles y observaba los rostros de los conductores. Aquellos que le parecían sospechosos eran sometidos a revisión.

   Pasamos. Fue un minuto de angustia pese a que tenía pasaporte y visa, más los permisos fronterizos en la bolsa, para cualquier emergencia. El chofer no lo sabía.

   Desde mi escondite, bajo el tablero, apenas alcancé a ver la gorra azul del oficial de migración.

   El chofer aceleró y pocos kilómetros adelante dejó la autopista para entrar a Capistrano Beach, donde pude estirarme, tomar un refresco y cargar gasolina. Aquí está mas cara que en el resto de Estados Unidos.

   -Ya no hay problema- dijo casi sonriente el conductor que preguntó a qué parte de Los Angeles iba. La respuesta fue que al centro, a la calle Broadway.

 

Esta gente necesita protección

 

   Nuevamente en la autopista, pero ya cómodamente instalado, el conductor preguntó por qué no arregló el Presidente Echeverría el problema y comentó:

   - Esta gente necesita protección. Los tratan mal. Ahora ya no tanto. Tengo muchos años aquí, vine de niño y he visto mucho. Ahora hay pocos ilegales porque no es tiempo de cosecha, pero vieras cuando se vienen las cosechas, entonces hay miles de mexicanos por acá. Muchos son detenidos antes de que las terminen y les "bajan la feria". Usted, ¿adonde va a trabajar?

   Donde se pueda-fue mi respuesta cuando entrábamos a la gran ciudad.

 

 

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