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Periódico "El Día", 4 de Marzo de 1977.-

El pequeño México

Metztitlán, la Barranca de la Luna

 

por Enrique Rivas Paniagua

 

   Erase que era una gran barranca de 32 kilómetros de largo por 540 de profundidad en el Estado de Hidalgo, que la geografía física conoce como vega de Metztitlán y los lambiscones apodan "el valle del Nilo mexicano". A sólo dos horas de la ciudad de México, por la carretera Pachuca-Venados, el lugar ofrece uno de los mejores y más contrastantes paisajes del país, en un clima agradable y una altitud de mil 350 metros sobre el mar.

   Hace muchos miles de años, Metztitlán era un profundo cañón que formaba parte de la cuenca del río Pánuco, hasta que un día las convulsiones telúricas provocaron un derrumbe que cerró el paso a la corriente y creó un enorme lago. Siglo con siglo, las aguas fueron bajando de nivel mientras el río seguía arrastrando materiales con gran contenido orgánico, llegando a formar el suelo fecundo de una barranca. Hoy todo es fertilidad envidiable en sus tierras irrigadas por un río caprichoso que a veces lo inunda todo, entre huertas de frutales y campos agrícolas anualmente verdes.

   Sus montañas cortadas a tajo son auténticas cátedras de geología al aire libre, donde se puede aprender qué es un plegamiento, una fractura, un anticlinal o sinclinal, a todo color y en tercera dimensión. Sus laderas son jardines botánicos naturales con una rica colección de cactáreas, desde jugosas biznagas hasta "viejitos" de canoso pelambre. En la atmósfera hay una gran luminosidad durante el día y una brillantez inusitada en noches de plenilunio, capaz de hacer innecesario el alumbrado público.

   De aquel gigantesco lago, queda ahora una pacífica laguna poblada con carpas y truchas. En ella habita un extraño palmípedo de 70 centímetros de altura llamado "achiquiliche", exclusivo de estos rumbos (tanto que su apellido científico es Meztitlanenzi), reacio al cautiverio y en peligro de extinción. Es tan incapáz de volar como torpe para la marcha, y en cambio nada con suma velocidad en la superficie o bajo el agua; el pico lo tiene recto y puntiagudo, las alas cortas y escotadas, carece de cola, y con su piel se elaboran hermosas toquillas, tan sedosas y brillantes como el armiño.

   No faltan en la región valiosos ejemplares del arte virreinal. En la población de Jihuico sobrevive un hermoso templo con portada renacentista y espadaña característica de la sierra hidalguense. En San Pedro, una de tanas inundaciones de la vega dejó semihundida su iglesia colonial. En la villa de Metztitlán, cabecera del municipio, la Casa de la Tercera es un bello edificio de cantería destinado a la recaudación de diezmos y tributos: e igualmente interesante es su iglesia de la Comunidad, construída en 1537 por fray Juan de Sevilla, y hasta hace poco tiempo transformada en oficinas municipales.

   Pero el más soberbio monumento de Metztitlán es su convento de los Santos Reyes, erigido en 1539 ante el inminente riesgo de que una inundación se llevara la iglesia de la comunidad. Ubicado en lo alto de una colina, desde su atrio almenado se divisa un magnífico panorama de la barranca. Como buen exponente del siglo XVI, su portada es sutilmente plateresca, con manjares de frutas y agelillos musicales labrados en la piedra; en el claustro al igual que la nave, las pinturas al fresco son de un colorido excepcional, y en la bóveda, las nervaduras góticas dan movimiento visual hacia el fabuloso retablo dorado del presbiterio, de estilo salomónico con esculturas estofadas y tableros en relieve.

   En la época prehispánica, la barranca debió ser paso obligado desde las llanuras del Golfo hacia el Altiplano, es decir, la ruta lógica de invasiones y colonizaciones. Tanta fue su importancia estratégica, que un cronista novohispano, fray Nicolás de San Pablo, comentaría después: "A este Señor Universal de Metztitlán todos le tienen respeto, hasta los chichimecas de guerra".

   Pero no acaba ahí su importancia. Para Alberto Escalona Ramos la laguna de Metztitlán es la mítica Aztlán ("lugar de garzas") y Chicomostoc ("siete cuevas") es una cañada a corta distancia de la villa donde él encontró algunas cuevas. En Aztlán, dicen otras fuentes, "se encontraban unidos tlaxcaltecas, otomíes y totonacas" (¿el hoy Estado de Hidalgo?) y era "un gran lago, el canal de la luna". Si Metztitlán significa "lugar de la luna" y México "en el centro del lago de la luna", ¿sería el primer punto de partida de la peregrinación azteca? ¿su antiguo lago tendría forma de conejo lunar como el de Tenochtitlán?

 

Bibliografía: Sara Cantú. La Vega de Metztitlán en el Estado de Hidalgo. México. SMGE. 1953, 284 pp. IIs., mapas

 

 

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