Periódico "El Día", Jueves 9 de Octubre de 1975.-
"La guerra está a las puertas de los hogares"
Rodolfo Puiggrós
En los diarios argentinos del 19 de septiembre último aparecieron las siguientes declaraciones del nuevo ministro del Interior: "Se le preguntó al doctor Robledo su opinión acerca de las formas para eliminar la violencia. Respondió que a su juicio, más que una acción represiva había que enfrentar las causas generadoras de la violencia. Esto no es un deporte -dijo-, sino una concepción definida". "Si se resuelven los problemas de fondo -apuntó- se resolverá el del terrorismo, que no es el más grave que padece el país, aún admitiendo que es grave. Se refirió asimismo a la actual orientación universitaria que, por ejemplo- acotó- no responde a las actuales necesidades del país". Posteriormente, el mismo alto funcionario, responsable del ministerio político, expresó que la subversión se reducía a "la sola acción de un grupo internacional", palabras que interpretaron como una diferenciación entre el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y los "Montoneros" o ala revolucionaria del peronismo auténtico. Sus primeras declaraciones fueron duramente criticadas por uno de los matutinos que las reprodujo, por considerar que la violencia no obedece a causas sociales o extrañas a la violencia misma. La violencia sería generada, en consecuencia, por una juventud descarriada, al extremo de atribuirle el consumo de drogas. También las segundas declaraciones ministeriales recibieron duros ataques que obligaron al doctor Robledo a aclarar que no hizo "ninguna clase de distingo entre grupos terroristas nacionales ni internacionales". Insistió, sin embargo, en que "no basta la represión directa". Ahora, los enfrentamientos en Formosa y Tucumán, y otras acciones en varios lugares de la República, motivan esta gravísima advertencia de un general: "La guerra está a las puertas de los hogares argentinos". Días pasados, el provicario castrense, monseñor Victorio Bonamín, produjo un gran revuelo al manifestar: "Mucha traición. Mucha desvergüenza. Mucho y en todos los niveles. En los más superiores. Hasta el punto de avergonzarme". Como tales palabras no tenían destinatarios directos, todos y nadie se sintieron aludidos y, al mismo tiempo, no aludidos. Explican, de cualquier modo el estado de incertidumbre de las Fuerzas Armadas, de las cuales a monseñor Bonamin se le considera aceptado vocero. ¿Puede gobernarse un país con los ojos cerrados? ¿Puede definirse la violencia como maniquea división de las gentes en malas y buenas? Bastó que el ministro Robledo levantara apenas el velo con que se procura cubrir la desnuda realidad para se le obligara a desdecirse. "Comienza una agonía que se abate sobre todos los sectores del país", titula el calendario de los sucesos un diario de Buenos Aires. Cuando la crisis se "abate sobre todos los sectores del país", en ella está la causa de la violencia y no se la remedia defendiendo los intereses creados. El 11 de marzo de 1973 hubo un pronunciamiento prácticamente unánime de las masas trabajadoras argentinas, que se repitió el 23 de septiembre del mismo año. Era por un líder, en tanto enarbolaba un programa de socialismo nacional, o sea de transformaciones estructurales y superestructurales proyectadas por óptimos equipos de científicos, investigadores y técnicos, que hoy cobran sus estudios con la muerte, la cárcel o el exilio. La traición al socialismo nacional, la restauración con sangre, tortura y mordaza de una dependencia incompatible con la plena eclosión de las potencialidades argentinas, he ahí la causa de las causas inmediatas de la agonía que refiere el periódico y de la guerra que anuncia el general. Los que enterraron el programa del 11 de marzo se sostiene hasta ahora gracias a la horda criminal de las AAA, cuyos cobardes asesinatos gozan de la impunidad y de la solidaridad que les brinda el aparato del Estado y del silencio de los políticos a la espera de las elecciones de 1977. Agoniza en la Argentina un régimen social, pero las clases que lo integran definen sus límites organizativos con extraordinaria claridad. Los ganaderos- clase dominante tradicional- mantuvieron un paro (alternativa ganadera de huelga) de diez días contra la política gubernamental; los industriales puntualizan que la economía "transita por canales negros que la precipitan al caos"; los estudiantes se muerden los puños bajo el terror; y los obreros -después de la huelga general del 27 de junio- vuelven a la lucha por lograr que los aumentos salariales conquistados no queden muy por debajo del 200 por ciento del índice. ¿Adonde va la Argentina? ¿A la guerra, como profetiza el general? Cuando una guerra comienza, los combatientes por la justicia, la libertad y el socialismo saben, en "la hora de los pueblos", cual sera su desenlace.
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