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Periódico "El Día", Sábado 5 de Abril de 1975.-

 

América Latina: Crisis y Cambios

Perón y la crisis histórica entre Inglaterra y los Estados Unidos

 

por Hernando Pacheco

 

III

 

   El reloj marcaba, en su torre, una hora en punto. El reloj de la torre, con su jardín recoleto frente a la estación del Retiro, preside la Plaza de los Ingleses. Es hermosa, calma. Subiendo desde ella se llega a la de San Martín cuyo romántico caballo de bronce desmelna sus flecos ante la proximidad invasora y elegante de la calle de la Florida

El jardín de los ingleses en el Buenos Aires que mira al estuario amarillo y ocre -arenal de arenas removidas y óxido de la contaminación- del puerto y del río es el  dato armónico de una desarmonía histórica: el recuerdo y la presencia de las oligarquías porteñas asociadas, con la carne y los cereales, al imperio británico. En 1815 el ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Canning, avanzando las vanguardias dialécticas de los principios imperiales había pronunciado estas simples palabras:

"America Latina será la granja" nosotros la industria"

 

   La implacable división internacional del trabajo se produjo, simple y sencillamente, bajo esa directrices.  El imperio británico -bajo la línea de flotación del libre comercio, metáfora que dejaba en manos del primer país industrial de la época la plusvalía, el poder y la influencia- pasó a ser el centro nervioso de la economía argentina. Las provincias interiores, fuera de la Pampa y la costa, fueron doblegadas ferozmente. El imperio, y las clases sociales nacionales que lo sirven, no emplearán nunca el lenguaje de las flores, sino el de las balas, aunque mitifiquen después en el gaucho vencido, el "coraje macho". Era la Argentina que se abría ya, en el tiempo que se liquidaban las corrientes populares, a una formidable invasión migratoria europea que transportaba, con ella, sus ideas, pero que no podía comprender ni intuir que servía, inicialmente, de reserva operativa en la gran lucha, profunda y viva, de las esperanzas nacionales, frente al proyecto del Imperio. Que es el que se impone.

 

   En 1933 - a partir de 1929 Argentina vivía las consecuencias de la crisis económica del capitalismo norteamericano y mundial- desde el Buenos Aires del parque de los ingleses una delegación argentina se dirigía a Londres para solicitar, del gran padre sajón y blanco , un acuerdo con la oligarquía de la pampa. El gran padre blanco, (todavía los Estados Unidos estaban muy lejos de ser el centro de la decisión en América del Sur), que acababa de tener una conferencia de la Commonwealth en Ottawa, firmó un nuevo tratado comercial con Argentina. Se le conoce en la historia de las infamias (una simple paráfrasis gorgiana) como el Tratado Roca-Runciman. El del primer apellido era Julio A. Roca, vicepresidente de una república que en 1930, con el golpe militar de Uriburu, había echado por la borda el sueño radical del presidente Yrigoyen. Sueño de clases medias incapaces de asociar a su destino a las clases obreras aunque con Irigoyen se iniciara, en gran medida, un esquema reformista, social y benefactor para las mayorías. Pero es, muy distinto el Estado paternalista que el Estados que cambia la faz estructural de un país. Yrigoyen nunca quiso romper, de verdad, el statu quo.

 

   El segundo firmante, con Roca,- un blando-, fue el británico- un duro- llamado Walter Runciman, presidente del Board of Trade. La fecha es el 1º de mayo de 1933.

 

   El tratado invitó a los bonaerenses a una serie de bromas fúnebres. Se dijo que Argentina pasaba de ser el "Sexto Dominio" del imperio inglés. Un demócrata doliente, Lisandro de la Torre, no dudaría en señalar el fondo de la cuestión: "Los Dominios británicos, afirmaba, tiene cada uno su cuota de carne y ellos la administran. La Argentina es el que no podrá administrar su cuota; lo podrá hacer Nueva Zelandia, Australia, Canadá y Africa del Sur. Inglaterra tiene, respecto a esas comunidades de personalidad internacional restringida, que forman parte de su Imperio, más respeto que por el gobierno argentino. No sé si después de esto podemos seguir diciendo: ¡Al gran pueblo argentino salud!". La oligarquía descansó.

   Era el hecho de la fuerza. Los ferrocarriles que se construyeran  en el siglo XIX, diseñando las necesidades específicas del imperio británico en Argentina, eran una muestra decisoria de esa situación. Y la compañía inglesa que realizara (entre 1857 y 1866) una parte de ese mecanismo ferroviario fue compensada por Mitre, el prócer,- ¡cuando el país es una finca de unos pocos!- con tres  millones de hectáreas situadas a lo largo y ancho de las propias vías férreas. El Canal de Panamá, de una suerte u otra, desde las minas del Perú a los emporios petroleros de Venezuela, ha sido repetido de muchas maneras y bajo el viejo signo, en el fondo, de la extraterritorialidad del Imperio.

  

Quiere esto decir que el tratado Roca-Runciman confirmaba y ratificaba un proceso histórico real y no inventado. El tratado se firmó en el período de la Década (corta) Infame que, como ya se ha dicho, discurre entre el golpe militar de Uriburu en 1930 y el golpe militar, con Perón al fondo, de 1943.El año de 1930 continua siendo el año catártico y onírico de una Argentina que se reencuenta siempre en ese año-dilema, en ese año no ha sido nunca perfectamente superado ni resuelto puesto que la memoria histórica ve en él, sin duda, un año crítico donde los problemas adquieren mayoría de edad en una dimensión ideológica de minoría de edad. Se está en ella, todavía, aunque en el marco, relevante, de extrema madurez en otras áreas. Es el proyecto histórico profundo el que falta, quizá. De ahí lo apasionante y contradictorio del caso argentino.

  

   Por ello mismo es indispensabel desentrañar el signo de la dependencia. No era el imperialismo norteamericano el eje de la política argentina, sino el inglés. Eso explica muchas cosas. De ahí, en la Argentina, la significación estricta que posee la lucha de los dos Imperios. Por ello, las distancias estrictas y conflictivas, entre sí, de los dos proyectos. Por esto, en las guerras mundiales -formas específicas para imponer el dominio- Inglaterra proponía la neutralidad argentina y los Estados Unidos la intervención. Inglaterra defendía la neutralidad para que su "granja" siguiera suministrando la carne y los cereales como una reserva intocable. Los Estados Unidos podían la declaración de guerra (que conseguirán finalmente en la segunda gran conflagración) porque por esa vía pasaban a ser, en el área, el factor real de decisión. El gran asociado no tenía competidor previsible.

  

   La crisis del capitalismo desde el gran bache negro de 1929 generó, además, una situación nueva que coincidía con el avance y la presión estadounidense: la sustitución de importaciones y la presencia, por tanto, de una industria argentina que convertía el peonaje clasico en obrero manufacturero y transformaba la corriente migratoria europea en formas nuevas de asociación sindicalista y en previsiones políticas más modernas (y quizá desnacionalizadoras en otros aspectos) que el proyecto, ya derrotado, que levantaran las provincias interiores frente al imperio en el siglo XIX.

 

   Esa herencia, y esa lucha, conformará el inicio de la etapa de Perón en la Secretaría de Trabajo en 1943. Su descubrimiento era el de las nuevas clases sociales. Del estrato obrero que los partidos históricos (desde los reductos oligárquicos a los conservadores puros pasando por el radicalismo y las instancias de socialista o anarquistas) habían sido incapaces de incorporar a la participación. Así la Década Infame perpetúa el fraude como norma de Estado y yuxtapone a esa lucha británico-norteamericana la negativa al reconocimiento de las nuevas masas sociales.

 

   El golpe militar de 1943 -que en 1946 conduciría a Perón a la presidencia bajo la ley de las urnas y el slogan significativo de "Perón o Braden", esto es, el embajador y político norteamericano- supuso, por tanto, dos cosas que Perón identifica y maneja con gran inteligencia: la realidad social de las  nuevas masas sin sitio en la vieja sociedad y la lucha abierta de los dos imperios por el poder.

   Esa historia centrará el peronismo. La vieja izquierda y la nueva izquierda se encontrarían ante un dilema terrible: entrar o no entrar en la mixtificación populista del peronismo que, sin embargo, coincidía con muchas de las reivindicaciones sociales y nacionales (con una dirección contraria en el fondo a los intereses reales de las masas) de esa misma izquierda. Tragedia real de esa izquierda que no me atrevería a juzgar individualmente porque Perón puso en pie (pero maniatándolas) a las masas obreras argentinas y reforzó la conciencia nacional (pero enmascarando desde la demagogia las raíces profundas de los fenómenos) al definir, por encima, la confrontación con los Estados Unidos (que aprovechó electoral y emotivamente) cuando lo importante era extraer las consecuencias sustanciales de la lucha de intereses de los dos imperios (el británico y el nortamericano nonos engañemos) de cara al país.

   Por eso mismo, el choque electoral con Braden, que era un desafío frente a los Estados Unidos, no disminuye la intensidad sincrónica de un hecho integral: el progresivo avance de los Estados Unidos en ese mismo escenario. La nacionalización de los ferrocarriles ingleses (forma material de la herida histórica de la estructura de la dependencia) se cumplirá por ello, y no accidentalmente, en la prespectiva de una realidad internacional mayor: en 1948, es decir, cuando el imperio británico, vencido económica y técnicamente, tenía que abandonar el Mediterráneo Oriental (clave estratégica de la Inglaterra imperial) a la Doctrina Truman y a la flota de los Estados Unidos. En suma, el Mare Nostrum pasaba a ser un mar interior de Norteamérica al igual que el proceso de reemplazamiento de Inglaterra, por la vía de las transnacionales, se cumplía en Argentina y en la Latinoamérica que todavía era una "granja" o "minería" británicas. No hay equívoco alguno. Mañana: "Economía y Sociedad en la Argentina del siglo XX".

 

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