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Periódico "El Día", 5 de mayo de 1978.- El tema de las Islas Malvinas Rodolfo Puiggros
Las islas Malvinas, sus dependencias principales (Georgia del Sur, Sandwich, Orcadas del Sur; Shetland del Sur, Tierra Antártica y Graham) y otras menores hasta completar más de un centenar del archipiélago del Atlántico Sur, pertenecen geográfica, histórica y jurídicamente a la República Argentina. El gobernador Vernet, enviado por Buenos Aires a principios del siglo pasado, fue depuesto y las casas de los vecinos incendiadas por marinos norteamericanos, cuando aquél quiso hacer valer los derechos argentinos en la caza de lobos marinos y la comercialización de sus valiosas pieles. Luego en 1833, desembararon los ingleses, rebautizaron al archipiélago con el nombre de Falkland Islands and Dependencies e hicieron un fabuloso negocio peletero hasta erminar con la existencia de casi todos los lobos marinos. Perdido durante décadas el interés económico, las Malvinas conservaron para Gran Bretaña importancia estratégica como base de abastecimiento de sus barcos y uno de los epicentros de las comunicaciones de su imperio. Inútiles resultaron los reclamos de los gobiernos argentinos en pro del reintegro de las islas a la única soberanía nacional legítima. Pero, disuelto el Imperio Británico, un nuevo interés económico ha despertado en Londres la posesión del archipiélago sudatlántico: el petróleo, cuya carencia impulsa a los ingleses a buscarlo en la Mar del Norte. Con mayor razón en las Malvinas que con su mar epicontinental -de unos mil 500 kilómetros hacia el este, el mator del munod después del de Nueva Zelandia- ofrece un incalculable potencial petrolífero. Los funcionarios y legisladores ingleses están convencidos -y así se ha dicho varias veces en la Cámara de los Comunes- que sin un acuerdo con la Argentina no es posible dar licencias para explorar y explotar el petróleo en las zonas en litigio. Tampoco habría solución para Gran Bretaña mediante referéndum, puesto que su bien los 2 mil ingleses o descendientes de ingleses de las Malvinas votarían en su mayoría por seguir dependiendo de Londres, tampoco se llegaría a resultados prácticos con prescindencia de la cooperación argentina. Un principio de acuerdo antre ambos gobiernos pareció vislumbrarse en las reuniones de trabajo que mantuvieron en Lima sus delegados, durante el mes de febrero último. No con respecto al petróleo, sino a otro renglón que ha cobrado mucho valor económico: la pesca. En las mencionadas reuniones se consideró la posibilidad de crear un Consejo Nacional de Desarrollo del Archipiélago con capitales argentinos, ingleses e isleños, destinado a fortalecer la economía de las Malvinas y en particular, la pesca y sus derivados. Hay intereses ingleses y no ingleses en impedir la organización del Consejo, cuya composición, por otra parte, dificilmente haría prevalecer los capitales argentinos. El 26 de abril pasado, el legislador laborista James Jhonston -presidente del CPAS (Comité de Pesca del Atlántico Sur), formado por representates de pescadores, agricultores y consumidores ingleses- informó en la Cámara de los Comunes que la Unión Soviética proyectaba la instalación de una base pesquera en las Malvinas. Medios diplomáticos de Londres informaron que Gran Bretaña no lo autorizaría por razones estratégicas (Clarín, 28 de abril de 1978.) James Jhonston aclaró que "las malas relaciones de la Argentina y Chile hacen prácticamente imposible que los soviéticos puedan disponer de una base pesquera en la costa sudamericana". Otros legisladores laboristas informaron que, además, de "otros países de Europa Oriental", también Alemania Federal lleva invertidos varios millones de dólares en investigaciones acerca de las riquezas pesqueras del Atlántico Sur. Solamente en las aguas que rodean a las Malvinas pueden pescarse dos millones de toneladas anuales de merluza o pescadilla. El comentarista Eduardo van der Kooy extrae esta conclusión del debate en la Cámara de los Comunes: "Todo esto constituye una confusa maniobra que podría ejercer influencia sobre las negociaciones bilaterales que la Argentina y Gran Bretaña vienen manteniendo desde el año pasado por las Malvinas". Largas negociaciones en las que se ha demostrado que la paciencia británica es contagiosa. El pueblo argentino es inmune a ella y recuerda a los jóvenes que en 1966 plantaron la bandera nacional en Puerto Stanley, uno de los cuales, el que los encabezaba, pagó con su vida, meses atrás, su lucha por la libertad y la democracia. ------------------------
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