Periódico "El Día", Lunes 15 de Diciembre de 1975.-
Bolivia: Chile proyecta apoderarse de los Lípez por Mario V. Guzmán Galarza
Entre versiones sobre nuevas conspiraciones subversivas que el gobierno descubre cada vez que se enfrenta a una crisis, llegan noticias alarmantes sobre los planes expansionistas que la dictadura militar de Chile proyecta poner en práctica, aprovechando las negociaciones que actualmente se efectúan para resolver el problema del enclaustramiento geográfico de Bolivia. Durante una reciente visita a Buenos Aires, el comandante en jefe del ejército boliviano, general Carlos Alcoreza Melgarejo, reveló que Chile pretende apoderarse de una estratégica y rica región del territorio de Bolivia, obteniendo decenas de miles de kilómetros cuadrados a cambio de una pequeña franja costera. De acuerdo con un despacho de la agencia de noticias Inter Press Service, el alto jefe militar declaró que "Bolivia tendría que ceder la región de los Lípez", ubicada en el sudoeste del país considerada como una de las zonas mineras más importantes de América Latina, donde se hallan depósitos inexplorados de uranio, berilio, cobre y azufre. Aunque el gobierno de Bánzer puso especial cuidado en llevar las negociaciones con Chile dentro del más absoluto secreto, esta es la primera vez que salen a la luz las exigencias del gobierno de Pinochet. Las revelaciones hechas en Buenos Aires se deben, al parecer, no sólo a pugnas internas por el poder sino también al hecho de que el gobierno y el alto mando militar disputan por el apoyo de la oficialidad joven, en cuyas filas los planteamientos chilenos encontraron airadas reacciones de rechazo y de protesta por las descaradas pretensiones expansionistas del agresor de 1879. La idea de apropiarse de las provincias de los Lípez, del Departamento de Potosí, desgraciadamente, no es ninguna novedad. Desde comienzos del presente siglo, Chile ha trabajado, por todos los medios posibles y en función del servicio a los intereses imperialistas y a los de la oligarquía minera y latifundista, de convencer a los gobiernos de Perú y Brasil para "polonizar" Bolivia y distribuirse su territorio. Los objetivos chilenos han sido y siguen siendo, en primer lugar, la cuenca hidrográfica de Bolivia, que le permitiría irrigar la zona desértica del norte, en proporsiones mucho más grandes que lo que viene haciendo ahora, al regar las tierras del valle de Azapa, en la provincia de Arica, que pertenecií antes al Perú, con las aguas del río boliviano Lauca, cuyo curso natural fue desviado arbitrariamente para beneficio exclusivo de Chile. Además, la región minera y lacustre del sur de Bolivia fue siempre objeto de la ambición chilena desde el siglo pasado. Las guerras contra Bolivia y Perú no sólo persiguieron afianzar el dominio de Chile sobre el Pacífico Sur, sino apoderarse también de la provincia boliviana de Antofagasta y de las provincias peruanas de Tacna y Arica. Al consumarse el despojo del Departamento del Litoral, en el rico girón del territorio boliviano quedaba como botín de guerra el cobre de Chiquicamata y de otras minas así como los inmensos yacimientos de guano y salitre. Chile, sin embargo, no se conformó y quería más. Así es como, en 1901, propuso al Perú repartirse el territorio boliviano con el Brasil. El gobierno peruano rechazó la proposición, pero el gobierno brasileño guardó un culpable silencio, más interesado como estaba, seguramente, en apoderarse del territorio del Acre, de Bolivia. La doctrina militar de Chile mantuvo esta línea con un sentido expansionista. De acuerdo con las ideas geopolíticas de Pinochet, por ejemplo, se reitera el viejo proyecto de "polonizar" a Bolivia, comprendiendo que su territorio sirve de "atracción, articulación o soldadura entre los países sudamericanos que la rodean". Así, el Estado que lo ocupe tendrá un control de la región continental. Por otra parte, las riquezas naturales no son como para desdeñar y si el Estado debe crecer para vivir, Pinochet recomienda adquirir conciencia de montaña con los ojos puestos en Bolivia. Naturalmente, en las presentes circunstancias, el gobierno argentino no se da por enterado de las declaraciones del general Alcoreza ni mide los alcances de los proyectos expansionistas de Chile, mientras el gobierno de Moralez Bermúdez guarda un significativo silencio en Lima. En Bolivia se descubren nuevas conspiraciones subversivas, de acuerdo con la rutina oficial, y se denuncia la presencia de extranjeros extremistas, en tanto que los censos arrojan información sorprendente, por ejemplo, sobre 10 mil chilenos en el Departamento de Potosí, aunque seguramente suman más si si tienen en cuenta a los que prosperan con sus negocios en La Paz, Oruro, Cochabamba y Santa Cruz y ocupan, inclusive, puestos claves en los sectores público y privado. ¿Y los 30 mil brasileños instalados en la provincia Abuná, del Departamento de Pando? ¿Cuántos sumarán en total los brasileños que se han infiltrado en los Departamentos de Pando, Beni y Santa Curz? ¿Y los que ya tienen intereses mineros en Oruro y grandes empresas bancarias y comerciales en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz? Ninguno de estos brasileños o chilenos que se ha radicado en Bolivia es propiamente lo que se llamaría un voluntario de la Cruz Roja o un hermano de la caridad. Al gobierno de Bánzer nada de esto parece importarle. Y mientras el canciller chileno, Patricio Carvajal, declara en Santiago que "no hay ningún compromiso para solucionar el problema marítimo de Bolivia", dado que "lo único que hicimos fue otrogar una esperanza", en La Paz se anuncia la posibilidad de un referéndum sobre las negociaciones con Chile, sin precisarse si la consulta versará sobre la dicha esperanza o la entrega de los Lípez.
|