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Periódico "El Día", 2 de julio de 1977.-

 El petróleo que viene del frío

 Para beberse el combustible procedente de los hielo del lejano norte, los Norteamericanos debieron fabricar un gigantesco popote de 1,300 kilómetros

 Por Jacques Mornand, del Nouvel Observateur

Exclusivo en México para El Día

   La cuenta regresiva se ha iniciado ya para "el Rolls Royce de la pipe-lines" , como llaman los petroleros a esta inmensa tubería que atraviesa toda Alaska y que entrará en actividad en los próximos días. Gracias a ella, el petróleo extraído en Prudhoe Bay, bajo el casquete glaciar del Gran Norte, podrá llegar al puerto de Valdez, en el Océano Pacífico, donde será embarcado en buques-tanque que lo transportarán hasta las refinerías de la costa occidental de los Estados Unidos.

  Las operaciones de llenado de la tubería se iniciaron el 20 de junio. Si todo funciona debidamente, los primeros embarques de petróleo se efectuarán en la terminal de Valdez hacia fines de julio. Se prevé que en agosto el sistema esté operando a pleno rendimiento.

 Un tubo de 8 mil millones de dólares

   Culminarán así diez años de esfuerzos realizados en medio de condiciones climáticas sin precedentes en la historia mundial de la industria petrolera, y al precio de una fabulosa inversión. Pero ni los 8 mil millones de dólares que costó la pipe-line de mil 300 kilómetros, tendida a través de una de las zonas más desoladas del planeta, ni los 2 mil millones absorbidos por las instalaciones necesarias para la explotación del petróleo de Prudhoe Bay, habrán sido gastados en vano. En efecto, esas enormes sumas le permitirán a los Estados Unidos conquistar parcialmente su independencia energética.

  La aventura de Alaska se inició hace casi diez años. En 1968, cuando los encargados de prospección descubrieron los primeros indicios de petróleo en la región de Prudhoe Bay, bordeada por el océano Ártico, a menos de 500 kilómetros de distancia del Polo Norte. En pocos años, las compañías británicas y norteamericanas detectaron un importante yacimiento que cuenta en la actualidad con más de un centenar de pozos y que puede producir 60 millones de toneladas anuales en una primera fase y 100 millones en etapas posteriores. Esto representa nada menos que una cuarta parte de las reservas petrolíferas de los Estados Unidos.

  La perforación y la instalación de los pozos debieron llevarse a cabo venciendo dificultades considerables. Al alejamientos geográfico de la zona, donde no existe una sola localidad habitada, se suma el clima:  en invierno, la temperatura puede descender a 60 grados bajo cero, y en verano el termómetro registra a veces marcas superiores a los 30 grados sobre cero.

 Calefacción y pasajes para renos

   Pero la explotación de los yacimientos dependía sobre todo de la implantación de un sistema que permitiera evacuar el petróleo. Y esto parecía chocar, al principio, con obstáculos infranqueables. Se concibieron diversos proyectos. Los técnicos se inclinaron en una primera instancia por la construcción de submarinos gigantes que cargarían el petróleo en la boca de  los pozos, en la propia Prudhoe Bay, y lo transportarían luego hacia los puertos norteamericanos, pasando bajo los hielos. Este proyecto, tan audaz, fue descartado, sin embargo, por su alto costo. Luego se decidió fabricar un buque petrolero rompehielos, que debería ser ensayado en esta ruta. La tentativa fracasó: el barco no pudo pasar a través de un enorme banco de hielo. Agotados todos esos caminos, se resolvió finalmente construir el pipe-line que acaba ahora de ser terminado. El TAPS (Trans-Alaska Pipeline System) fue construido en plena tundra, desprovista de árboles y sometida a un viento glacial.

 El TAPS atraviesa tres cadenas montañosas  y una veintena de ríos. No pudo tenderse bajo tierra, según los métodos tradicionales (que son los menos costosos), sino en una extensión que representa menos de la mitad del total. En su parte más septentrional está expuesta, pues, al frío más intenso. Esto permite, ante todo, dotarla de un sistema de calefacción , sin el cual el petróleo se solidificaría y haría estallar el tubo. Permite, asimismo, reservar 400 pasajes para que las manadas de renos y otros animales que vagan por esas heladas regiones puedan trasladarse libremente de un lugar a otro. Y así es también posible, por último, alejar de la superficie la fuente de calor que representa el tubo, porque un  deshielo de la tierra sobre la cual éste reposa podría generar consecuencias nefastas para el medio ambiente. Incluso los temblores de tierra han sido previstos, y la tubería está construida de tal modo que puede resistir sacudones telúricos de gran intensidad, como los que se registran  con frecuencia en esa región.

 Los obreros mejor remunerados del mundo

 Todas las instalaciones del yacimiento y del pipe-line de Alaska están dotadas, por supuesto, de los últimos perfeccionamientos de la electrónica y de la automatización. En Valdez se instaló  un centro de control de las operaciones, y gracias a un sistema de pantallas de televisión, de computadoras y de tableros de comando, todos los mecanismos que permiten el buen funcionamiento del sistema y la detección de cualquier falla pueden ser dirigidos a la distancia.

  Para perforar los pozos del yacimiento de Prudhoe Bay y construir la tubería, hubo que apelar a una mano de obra especializada que debió desarrollar su labor en condiciones particularmente duras. Transportar materiales, soldar, atornillar o agujerear bajo una temperatura polar y en medio de tormentas de nieve, no es en verdad una tarea confortable. Pero en cambio está magníficamente remunerada. Los 20 mil obreros de Alaska son los que reciben los más altos salarios del mundo. Algunos de ellos cobran hasta 2 mil dólares por una semana (que, por lo demás, significa a veces 88 horas de trabajo). Para hacer tolerable la existencia de estos obreros millonarios, se han construido en medio del desierto helado, cines, albercas, tiendas, barberías, supermercados, etcétera.

  El pipe-line de Alaska empezará, pues, a escupir su petróleo en dirección al mercado estadounidense en el curso del presente mes de julio. En pocos meses más, los Estados Unidos podrán reducir sus importaciones de crudo en un 25%, ahorrando así 10 mil millones de dólares anuales. Su capacidad de producción, que declina desde 1970, volverá a aumentar. Y posteriormente se iniciará el aprovechamiento de los considerables recursos de gas natural que posee Alaska.

 El problema: encontrar clientes 

  Debido a las condiciones tremendamente onerosas de su explotación, el petróleo y el gas de Alaska resultarán muy caros. Pero ello no impedirá que las compañías, y en primer lugar la British Petroleum, extraigan ganancias de cientos de millones de dólares anuales.

  Queda por saber si el dispositivo técnico extremadamente complejo que ha sido instalado en un extremo a otro de Alaska funcionará sin problemas. Y queda por saber, asimismo, si el flujo de petróleo caro que irrumpirá súbitamente en el mercado norteamericano encontrará compradores.

  En efecto, después de haber encontrado y extraído petróleo a fuerza de miles de millones de dólares, en la región más inhóspita del mundo, lo que más temen ahora las compañías es no encontrar clientes a quienes vendérselo en buenas condiciones...

                     (Traducción de D. W. S.)

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